Fui a la Funeraria Municipal, esta vez, no a juramentar como en otrora a don Alejandro Núñez, una muralla moral y de gran honradez política de la ciudad. Fui a la Funeraria Municipal a darle compañía humana y mis condolencias a unos amigos en un dolor mayor profundo, grueso y crudo, por la cual pasa todo ser humano, como es el sobresalto de perder a la mujer que con el trabajo, el sudor y las lágrimas, de toda una vida, levantó junto al viejo Pedro Pérez en la recóndita Arichuna del gran Apure, una noble y enorme familia de estirpe llanera. Fui a las exequias de la abuela Natalia León, quien falleció rodeada de su leal y consecuente familia en el viejo valle maracayero del poeta Augusto Padrón. Natalia vino con el viejo Pedro Pérez de un Apure de mastranto inolvidable, que como dijera don Rómulo Gallegos en su inequívoca radiografía del llano adentro “lograron vencer las inclemencias, las limitaciones, las precariedades y la fiereza que impone ese llano indómito e interminable de Venezuela”. Eso fue Natalia León y el viejo Pedro Pérez, dos héroes llaneros del más lejos, como se define galleguianamente al Apure. Natalia y el viejo Pedro Pérez, son como los héroes anónimos de las Queseras del Medio, echados pa ´lante y sin miedo a nada. Jamás en la vida había visto tantos nietos y bisnietos reunidos alrededor del dolor más humano que irradia la muerte de una gran mujer y una abuela súper querida, adorada, amada y mimada por sus muchachos y muchachas. Cada lágrima delataba un dolor indescriptible en el alma. Natalia como buena cristiana, tuvo el privilegio mágico y escaso de vivir para ser tatarabuela. ¡Qué clase de privilegio! Eso fue Natalia León, la madre atenta y preocupada del veguero Ramón León, de Iván, Miguela, Yolanda, María y Pedro León, con quienes compartí la entrega y una admiración incondicional de una amistad profunda y aquilatada en cientos de luchas sociales y con las enseñanzas imborrables claras, precisas de propaganda y difusión política en los años 70, cuando se fundaba un MAS de izquierda y socialista al lado de los pobres, con Luís Evaristo Ramírez, Eloy Torres, Damián Márquez, Carmen Franco, Carlos Arturo Pardo, Salvador Parra, Calilo Gracia, Luis Enrique Carta, Domingo Araujo, Rafael Albino Rodríguez, Simón Núñez, Carlos Eleazar Velásquez, Gómez Febres, Paco Tesoro, Leopoldo González Gamarra, Manuel Pérez Arellano, César España y Pedro José Ovalles. Teniendo siempre al joven veguero Ramón León, como un mágico pincel artístico de las letras y de la brocha gorda. El vistoso y gigantesco mural José Vicente Presidente en la avenida Bolívar de Maracay, salía de la obra, la gruesa brocha y del pincel experimentado del “veguero” Ramón León bajo la más pura y excelsa inspiración del gran Jacobo Borges, hoy uno de los más reconocidos pintores figurativos del mundo. Dijo el maestro Prieto Figueroa que toda buena y honrada familia tiene en sus padres y dulces abuelos, sus más preclaros protagonistas y maestros de la vida. “Madre déjame luchar” cantó Alí Primera y también le cantaba el “Veguero” Ramón León a su más preciado tesoro apureño, Natalia león. Tanto Pedro Pérez como Natalia, muy solidariamente, trajeron a Maracay a su prole, tal vez buscando nuevos horizontes, y nueva vida, la que nunca en el llano recio de Doña Bárbara, pudieron encontrar. El llano donde corrían las morocotas por el Río Apure, solo estaba en la mente de un “encantador de serpientes” como Hilario Guanipa, el protagonista de la Trepadora de Gallegos. A Natalia León la conocí en Caña de Azúcar en el sector 3, a lado de la inseparable cancha de Pedro León, por allá en 1975, cuando todavía mi respetado y pana Ernesto León, hijo de Pedro, andaba en “guayucos”.
Pedro era un valeroso y abnegado trabajador de la Rambler de Venezuela. En esos años y en Caña de Azúcar, estaba de moda un movimiento ciudadano, cultural y deportivo, ubicado más allá de los Grillitos, denominados los Guaraos. En ese fértil escenario de Caña de Azúcar, conocí a la familia León y conocí a Nina, un verdadero patrimonio del afecto y de la familia, esposa de Pedro León. Conocí a los dos Pedro, padre e hijo y a una vergataria mujer de la estirpe revolucionaria de una Josefa Camejo, Luisa Cáceres de Arismendi y Argelia Laya, llamada Natalia León. QEPD. Paz a sus restos. williamquerales@hotmail.com